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SAAF

Tengo SAAF (Síndrome de Anticuerpos Antifosfolípidos). ¿Cómo lo sé? … una muy larga historia.

Hace ya varios años, mucho antes de dejar mi ciudad natal para instalarme en Santiago, comencé con dolores, según yo, “de estómago”. Estos dolores eran leves al principio, pero poco a poco aumentaron en intensidad y me pasé casi dos años años abrazada a la taza del baño vomitando. Nunca fui al médico.

Un par de años después, llevaba casi cinco meses en Santiago, había obtenido y perdido mi primer trabajo y estaba feliz porque no me gustaba el lugar, ni el jefe, y salí con una amiga, también sureña, que llevaba más tiempo en la ciudad. Fuimos a tomar algo y a picar, para celebrar mi liberación. Al día siguiente desperté con dolor abdominal, no me podía mover y la molestia parecía ir en aumento. Traté de resistir como siempre, pero no era posible. Finalmente, fui al médico y me inyectó dos dosis de viadil. Estuve más de una hora llorando de dolor y no me hizo efecto. Me enviaron a tomar ecografías de urgencia y el resultado fue Colelitiasis, básicamente, cinco pequeñas piedras en la vesícula.

Como no tenía trabajo, no tenía previsión, me enviaron a la ex Posta Central, la peor experiencia de mi vida, hasta ese momento. Recuerdo haber llegado muerta de dolor, no podía caminar y al llegar me hicieron una prueba de conocimientos generales, acerca de dónde vivía, supongo que para saber si me correspondía ahí por sector. Esa tarde, casi noche, recuerdo haber hablado con unos cinco desconocidos pidiéndome mi dirección, para que los dejaran ser atendidos, supongo. Nunca se las di, me dio miedo. El lugar daba miedo. Nunca había visto a tanto apuñalado junto y yo sólo quería que me llamaran. Al final, como a las dos de la madrugada escuché mi nombre. Yo iba directo a que me operaran, por orden del otro médico, pero ya no me dolía nada y dijeron que no era una urgencia y me mandaron de vuelta a la casa. Al parecer, el universo no me quería muerta, aún.

Un par de semanas después, más relajada, y haciendo uso de mi finiquito, comencé a hacerme exámenes pre-operatorios. Me atendió un médico viejito, de esos que uno piensa “qué hombre más sabio debe ser”, pero no era tan así. Cuando le llevé mis exámenes los miró y dijo “ya po chiquilla, estamos listos para operar” y yo “¿en serio?”. Por cosas de la vida, soy muy curiosa y ya había leído los exámenes, sin conocimiento alguno, obvio. Entonces, le dije que había un examen que estaba fuera de rango y si era posible que lo revisara de nuevo. Él lo miró y dijo “oh, tienes la coagulación con problemas, no te puedo operar así”. En mi mente pensé “por suerte que soy sapa, sino me desangro en el quirófano”.

Después de eso seguí con una serie de exámenes que me estaban desbancando, y terminé en la consulta de un hematólogo. Como la mayoría de los médicos que vi en esa época, fue muy atinado en sus comentarios, siempre con delicadeza. El profesional de la salud, miró el montón de papeles que le llevé y me dijo ” lo más probable es que tengas Lupus”, jamás había escuchado esa palabra. Entonces comenzó a explicarme “te vas a hinchar un poco, te dolerá el cuerpo, posiblemente no podrás tener hijos, se te caerá el pelo… “, mi mente hace rato ya se había ido a otro lado. Un tiempo después pensé “es una suerte que no quiero tener hijos, sino eso me habría devastado”.

Después me resigné, no me podía operar así que comencé una dieta libre de cochinadas, empecé a hacer ejercicio y encontré otro trabajo.

Seguí, cuando pude, haciéndome exámenes. A esas alturas ya me había cambiado de comuna y me correspondía otro lugar. En el hospital me atendió una reumatóloga, supuestamente, la mejor. Luego me enteré de que era la única. Ella me confirmó que tenía Lupus, me dijo que no podía exponerme al sol, que debía usar gorro y bloqueador todo el tiempo y me recetó Hidroxicloroquina, un medicamento que todas las personas con Lupus, conocen muy bien. Lo estuve tomando casi un año y me sentía muy mal, siempre cansada. Decidí pedir una segunda opinión, otro reumatólogo, en otro lugar. Él me dijo que no tenía Lupus, que había sido una irresponsabilidad darme un medicamento sin hacer más estudios. Ahora, no es que nunca lo vaya a tener, al parecer tengo los exámenes que indican Lupus, pero no he presentado síntomas, por lo que no tendrían que haber recetado nada. Este médico me indicó Aspirina para siempre, una al día. Porque mi problema es SAAF, un síndrome que afecta la coagulación de la sangre y que puede producir trombosis. El diagnóstico también indicaba Trombofilia, que es básicamente que tengo el doble de posibilidades de tener una trombosis que una persona promedio.

Así que, si me hubieran operado de urgencia sin saber esto, pude haber tenido una trombosis en el proceso y haber quedado con secuelas o haber muerto. ¡Gracias universo!

Y sí, ando con miedo por la vida, mirándome las piernas y tratando que no se me duerman, por si las dudas.

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