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Silencio

Tenía doce o trece años, cuando mi familia y yo viajamos a la casa de mi abuela materna, como soliamos hacer cada vez que había tiempo o algún evento importante en su casa.

No recuerdo mucho lo que acontecía, no sé si era navidad o un cumpleaños, pero recuerdo el hecho en sí. Lo que cambió mi vida y condicionó muchas de las decisiones que fui tomando en el transcurso de ésta.

Mi mamá me mandó a buscar una toalla a la pieza que siempre usábamos en la casa de la abuela. Las piezas en ese tiempo no tenían puertas, sólo cortinas que las separaban unas de otras. Hice lo que me pidió y cuando atravesé la tela que colgaba del techo lo encontré frente a mí, vestido solo con su ropa interior y mirándome fijo. Yo quise pasar de largo y bajar al primer piso, pero me freno. Me tomó en brazos y me olió el cuello, sus manos recorrieron mi espalda y todo lo que pudieron en ese breve momento. Estaba paralizada y no sabía qué hacer. Le dije que mi mamá me estaba esperando y él dijo que no me preocupara por eso, pero insistí y a empujones logré liberarme. Bajé y continué con mi día normal. Pero, esa misma noche no pude más, dormía en la misma cama con mi hermana mayor y mi mamá, mi hermana menor y papá dormía en la cama junto a la nuestra. Entre llanto y temblores les conté lo que había pasado. Esa noche lloramos las tres. Apenas pude dormir, pero me sentía más tranquila durmiendo con ellas a mi lado.

Mi mamá no dejaba de repetir ―¿Por qué no lo dijiste antes?, nos habríamos vuelto a casa temprano. Pero, la verdad no tenía una respuesta para eso. Luego la escuché decir un par de veces entre lágrimas ―Pero, es mi hermano; es mi hermano.

Al día siguiente nos fuimos a casa, no se hizo nada al respecto, más que sacarme de ahí. Cuando llegamos a nuestra ciudad, tres horas después, ella le contó a papá. Él también lloró.

Pasaron muchos días, y las imágenes seguían en mi cabeza, sin embargo, no dejaban de aparecer flashes de otras cosas. Entonces recordé una vez en que me atrapó en la entrada del baño, yo era más pequeña, tal vez cinco o seis años, me tomó en brazos y me sentó en la lavadora, cerró la puerta. Afuera en el living estaban mis primos mayores, que se reían con lo que pasaba. Un tiempo después volví a recordar otra escena, mi hermana menor y yo estábamos bajando la escalera en la mañana y él me llamó, le pedí a mi hermana que me esperara, pero no lo hizo, él me tomó entre sus brazos y me presionó contra su cuerpo, no creo haber tenido más de ocho años aquella vez. También escapé.

Recuerdo que días después en casa, me hacían preguntas sobre lo que había pasado, más detalles, pero yo ya había dejado eso atrás, no quería seguir reviviendo lo sucedido. Finalmente todo se olvidó y quedó entre cuatro paredes. Nunca más volví a la casa de mi abuela, aunque toda mi familia estuviese allá. No volví hasta que me convertí en adulta y sentí la seguridad de poder defenderme de él.

A veces me pregunto si fue solo eso. Espero que mi mente de niña no haya borrado algo traumático de mi mente para poder vivir en paz. Porque así como un acontecimiento hizo despertar otros recuerdos que no sabía que existían… prefiero no pensar en eso.

No es justo que todas las mujeres/niñas debamos pasar por esto, que los hombres se sientan con el derecho de usarnos para satisfacer sus necesidades. No es justo que esas personas puedan seguir con sus vidas como si nada. Pudo ser peor, sí, pero eso no lo hace menos importante o menos traumático. Pudo ser peor, y agradezco haber podido escapar, todas las veces.

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